
II.-
Hay de mi, las calles de esta urbe
anunciando solticios
bajo los auspicios de Venus.
Hay de mi, tus plazas
La torre desde donde se fugo la golondrina
Forjando el brillo del asfalto
bajo el fuego que nacía de tu pecho
una tarde desnuda bajo el firmamento
y al compás de la hierba sobre la pradera.
Hay de mi, veredas estrechas de quimeras
Callejuelas ansiosas como lunas
perdidas en los extremos de esta ciudad-cuerpo
desbordadas de ciegas luces
en los abismos de tu ombligo
que duerme el postrer aliento de un vuelo
muerto antes de lavar el rostro del océano
Hay de mi,
Mi yo, que es tu yo abatido en el atrio de catedrales
Equilibrando su existencia en la pulpa de los labios
Y el palacio donde duerme la doncella
De aquel cuento que no escribo todavía
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