miércoles, 21 de julio de 2010

EL REBAÑO




En ocasiones vengo en palabra
Como vestido en traje recién costureado
Corbata al viento
Camino y respiro estas veredas
Que parecen haber sido escritas con mi propia mano
Sobre el inútil rostro del tiempo
Inmutable y eterno
En su regreso al mismo punto
Una y otra vez, día tras día
Como si la historia comenzara en cada mañana
Y fuera la noche muro inexpugnable de olvido
O tal vez desidia
Cansancio de no ser
En medio de la indolente masa absorta
Incrustada a la piel del silencio
Como garrapata oscura
Que siente el dolor de la bestia
Agónica como propia tumba.

¡ay! Como me duele la palabra
En cerrada boca muda
Daga doble filo inundando los ojos
En filosa lágrima
Nudo de signos y sonidos atravesando la voz
Donde transita el propietario de ilusiones
Derramando falsedades
Para que el tiempo regrese a la mesa
Y el olvido cubra la huella nuevamente
Donde se abrió el sendero a la Luz
Y al hombre que siempre ha estado a la vera
De alamedas que nunca han florecido para todos.


EL NORTE DE MI PAIS





En el norte de mi país
Allá
Donde pueblos
Han sido sepultados
En sal del desierto
Y
Las murallas
Cubren su viejo barro
Con estrellas
Fuegos celestiales
Y eternos
Un poco más allá
Donde el infinito
Está al alcance de la mano
Se va mi presencia
A vagamundear soledades
Para entrar en este nuevo espacio
Por la puerta ancestral
De los antiguos equinoccios.

DEL RECUERDO. Poema 6.-





Un pájaro transparente eleva el iris
Sobre la geografía crónica
Un pulido obturador de ojo perfecto

La dimensión oculta estremécese de lujuriosa libertad

Las plumas de un petrel dejan caer el hambre de mi mismo
Sobre todas las medidas temporales y
El arcano pálido en el fondo del nido rueda
Su desconocida historia
Cultivada en la menguante

Alguna vez
Me fueron prestadas las alas de un ángel
O de un arcángel
O de cualquier pájaro celeste
Cuyo nombre habré de preguntar a Ramón Riquelme
Quien guarda todo en un apolillado cajón de alerce maduro
Repleto de sonidos del tiempo primogesto
En los senderos de “Atenea” la antigua
Donde terminaban retumbando sus pasos
En medio de toda la buena poesía de los buenos tiempos
La de Quezada el de Arúspice
La de G. R.
Cuyo nombre no me atrevo a pronunciar
Y de tantos otros
Que hospeda Ramón en ese cajón de alerce maduro
Habré de preguntar a este Ramón de vuelo fino
Sobre las alas del ángel y de la magia ocult6a
En el vientre de los cacharos de greda de Quinchamalí
Por ahora
Junto al portón la tierra bebe el rojo vino
En la misma copa de mi padre.

ETICA Y REBELACION




Decían mis viejos
Lo que Dios construye
El hombre lo destruye
Asunto difícil de entender
Sin una clara lección de ética
Pero,
Vino la guerra contra Irak
Y desde allí
Todo me ha sido rebelado.

martes, 20 de julio de 2010

DE MI OMBLIGO






Ay ay ay leve compañera
como te pegas
A mí
Lapa
Ahogada de resacas
Chapa
Que abre mi destino
Apenas penas
Pelusa ilusa
Ocultas a medias tu forma
En el pequeño agujero
Justo en mitad de mi cuerpo
Leve amasijo mustio
Olvidado de ti en mí
Asumo asombro
Cuando te nombro
Tibia
Suave
Breve
Camarada oculta en repliegues de mis noches
Gozosa en el abismo
De mi ombligo
Mota
Mito y meta
De mi camiseta

CRUELA DE VIL





La palabra ya no es palabra en tus designios
Escapa de tu oído donde anidaba antes de amarte
Se revuelve como víbora
Desbordada de ira
O rata royendo el centro de mi sombra
Hay un pequeño puñal
Que esgrimes en cada verso sin misericordia alguna
Y lo lanzas en estocadas siniestras
Sobre el paisaje donde asiento una página abierta
Al abecedario del otro idioma
Allí dibujé un cálido sol en tu gélido invierno
Y en tu escarchada soledad entibiada en mis manos
Pero, el veneno pudo más en tu frágil universo
Derrumbado como hoja muerta
a comienzos del Otoño.

NUESTRO TIEMPO






10.-


Un tiempo de pinceladas era
Transparencia era

Tu cuerpo
Un halo de esquinas
En este largo conflicto
Que aún perdura

La muerte
Llegó antes de primavera
Y florecieron cuerpos
Desnudos como rozas prematuras
Bordando calles
Y plazas
Con oscuros ojos
Un tiempo negro era hoy
Nuestro tiempo.

INVIERNO






9.-

El invierno
Dibuja surcos
En el rostro de mi pueblo
La bruma se recoge
Como cría somnolienta
Al senomadre

La risa matutina
Quiebra la escarcha
De los charcos
Y veleros sin nombre
Llevan nuestros sueños
Por una oscura ruta.

UN SITIO SEGURO





8.-

SITIO

Seguro sitio
No profanado aún
Donde
Las palomas
Agonicen honorablemente
Sin Escaparates
• Vitrales
• Campanarios
• Torreones
Sin ninguno de ellos,
Digo ¡si!
Al silente rincón
Donde supimos
De la infinitud del recuerdo
Que agitas
Confiada en las distancias

SALUDO




Mano abierta saludo
• Visitantes invisibles
• Trashumantes
• Vagamundos
• Auto invitados permanente
• Cómplices en primer grado
• Libertados bajo palabra
• Simplemente pobres
Los que aúllan a la Luna su desesperanza
• Vagos y orates
• Exiliados del Paraíso
Sin haber mordido siquiera una manzana
Ni el pan nuestro de cada día
Con mano abierta saludo
• Al perverso y a la puta
• Jueces curas verdugos
En la tarde urbana
Donde se oscurece
Taciturna mi voz
Cansada ya del cansancio de no ser
En este Ser
De infinita muerte

DIEZ POEMAS





5.-

AMNESIA


Amnesia ha sido
Tu acerbo abandono
Granada abriendo el pecho
Por donde entra el invierno
Y su cuchillo

Si no has de volver
Trayendo el fuego
¡Te juro!
Partiré al desierto
A enrolarme en Al Qaeda
Para que mi muerte
Tenga sentido.

6.-


EN MI TIEMPO


A veces, faltan ecos
Y la palabra enmudece
Calla
Como gato invisible
Dormido en el tejado
Contemplando
Severo
Una locura del semáforo
Ciego
En medio de la calle
Donde cabalgo
Misterios
De una encrucijada muda.

lunes, 19 de julio de 2010

DIEZ POEMAS






4.-


Nada tiene sentido ahora
La ruta de la palabra cruza océanos
Inventados por un pájaro que cuida tus ojos
Grandes ojos de nido y alondra
El mundo cruza latitudes
Desordenadamente
Confunde los sueños de mis sueños
Tu tez y tu mirada rendida en el abismo de la magia
Esconden mi voz
Mientras hablo en silencio a las cosas mías
Donde tú
No estás alada y sutil como la mariposa aquella que bordó
Las sábanas
Donde nunca se cobijó nuestra piel
Estremecida en distancia y deseo
Porque ahora, fuera de tiempo, nada tiene sentido.

DIEZ POEMAS




3.-


DESDE EL PSIQUIÁTRICO

Cogito, es preciso,
Porque el viejo Moisés abrirá un camino
En el marítimo globo de tus ojos
Vela y náufrago se consumen
En el intento de alcanzar tu cintura
El día se deshace
Y me pregunto lo que debo hacer antes que venga
La luna a invadir mí desnuda carne
Tal vez, inventar una estafa al Paraíso
O masturbarme en tu recuerdo
La inutilidad de la vida se hace manifiesta
Para no suicidarme invento realidades
El conejo de Alicia
Se evade por un agujero negro
Dibujando en el aire tu cuerpo de arena
Moldeado por el viento en la memoria
Como juramento de esa carta que nunca firmé
Sobre tu piel imaginaria
Donde navego sin limitación alguna
En un barco armado de obscenas palabras
Decidido invadir el estrecho que guardan tus caderas
En este escenario existencial
Perdido en un pasillo del psiquiátrico.

DIEZ POEMAS




II.-

Hay de mi, las calles de esta urbe


anunciando
solticios


bajo los auspicios de Venus.





Hay de mi, tus plazas


La torre desde donde se fugo la golondrina


Forjando el brillo del asfalto


bajo el fuego que
nacía de tu pecho


una tarde desnuda bajo el firmamento


y al
compás de la hierba sobre la pradera.





Hay de mi, veredas estrechas de quimeras


Callejuelas ansiosas como lunas


perdidas en los extremos de esta ciudad-cuerpo


desbordadas de ciegas luces


en los abismos de tu ombligo


que duerme el
postrer aliento de un vuelo


muerto antes de lavar el rostro del
océano





Hay de mi,


Mi yo, que es tu yo abatido en el atrio de catedrales


Equilibrando su existencia en la pulpa de los labios


Y el palacio donde duerme la doncella


De aquel cuento que no escribo
todavía

DIEZ POEMAS








LA LIBERTAD TE LLAMA.




Te veo por las calles descalza


la libertad te invita a palpitar con la Tierra


pongo, entonces, en mi cinto un millar de palomas


y disparo visones extraviadas


relampagos mudos cegando el paisaje


interrumpido en mil estruendo


que vuelan al cielo de las indecisiones


donde he muerto


en el siglo de los siglos


machacado en el garrote de la muda sotana


oscura como el ala de la noche


destazada en la cruz de todos los dolores


bajo esta castigada piel que nos cubre


como el silencio cubre la conciencia.

sábado, 17 de julio de 2010

Poemas del poeta Manuel Muñoz Astudillo

PARAISO.

La tarde nos sorprendió desnudos en el Paraíso
acariciando la jugosa manzana
que tanto dolor de cabeza ha traído
desde que nos marchamos por el sendero del bosque
a vista y paciencia de todo el mundo.

Pobre de ti, amada.
Los rumores llevaron tu azotado cuerpo
por la dolorosa vía de la amargura.
Vestías las llagas de la insidia
y los lirios que adornaban tus cabellos
tornáronse agudos cardos
cuando presentimos creación y muerte
conjugarse el mismo instante.

Tu madre y mi madre guardaron respetuoso silencio
pensando que nos habían perdido para siempre.
Luego bebieron toda el agua bendita de la Iglesia
desbordando el altar de padrenuestros.

Todo fue en vano.
Los dioses fuimos nosotros mismos
desvestidos árboles de otoño,
templos de consumación y letargo.

Desde allí trenzamos vuelta a vuelta
los hilos de sangre,
vertiente cálida en el océano paralelo de los vientres,
alimentando desesperadamente la afiebrada boca de los cáliz
hasta romper la voces en una lluvia de silencios
y volver
a la quietud del amor y el Paraíso.


ALGUNA VEZ

Alguna vez fuimos únicos habitantes.
Todos habían seguido la huella de sus sueños
El pequeño círculo de la Tierra nos pertenecía.
La Osa Mayor descendía luminosa entre el follaje de tu selva.
La Cruz del Sur derramaba puntos cardinales alrededor del ombligo
para que mis labios no se extraviaran en mitad de tu cintura.
Mientras tus párpados desbordaran amaneceres.

El olvido al final venció la noche.

Entonces también me fui tras ellos.
Polizonte del primer barco de papel
que naufragó en un charco de primavera.

He seguido sólo acompañado de la ausencia
Para juntar los meridianos de mi espacio
desordenados por la lluvia que me enviaste por correo.

Ahora debo echar al olvido que casi fuimos nuestros
y nos besó el otoño a la misma hora.
Dejar que el humo del cigarro se lo lleve el puelche
porque los astros de la adolescencia se apagaron definitivamente.


SI AUN ME RECUERDAS.

Si aún me recuerdas bajo una lluvia de verano
cuando el olor de tierra recién mojada
resulta una contagiosa enfermedad que afiebra la memoria
habrás sabido por tus amigas de siempre
que el pequeño banco de la casa solitaria,
donde contábamos historias
fue arrancado sin consideración alguna
a los rituales de piel impresos en anillos de la vieja madera.

Alguien te habrá dicho que al anciano,
espía de nuestros desvaríos,
se lo llevó la pulmonía alguna noche de Julio pasado
y que desde entonces todos
hemos sido un poco más viejos.

A estas alturas ya no recuerdas las estrellas de Orión
ni el lugar de las Pléyades
ni la posición de Venus en el Cuarto Menguante.
Pero el olor de lluvia recién nacida
y el canto de los grillos bajo la noche planetaria
devolverán mis juramentos a tu oído
en el banco de la casa solitaria,
aunque en la próxima primavera no hayas regresado
al calor del fuego que encendimos juntos.

IV

Regresar
algún día

NUNCA LA SOLEDAD

Nunca la soledad fue más densa
que en esa madrugada
de mudas palabras
cruzando a tientas irremediables umbrales
del destino.

Francisco carga el equipaje
entonando su ranchera favorita,
un estribillo para espantar la pena
adherida al paisaje del adiós
y al tiempo oculto
en los repliegues de la infancia.

LA PARTIDA.-

Gastado equipaje sacude el polvo de años.
Cronos dispuesto a lanzarnos un zarpazo
en el instante menos esperado.

El oído percibe el postrer tañido
que nos despide desde el pórtico.
Ajetreo de la madre
en la puntada final al traje
de esta niñez escapada en medio de la noche.

Todos jugamos
a dejar de ser un poco los que éramos
buscando afanosamente la huella del próximo paso.

Obviamente mañana será otro día.
Los ojos de la madrugada sacudirán húmedos pañuelos.


ARCOIRIS.-

El sol mira de reojo
los últimos montes del ocaso.

Mudos de asombro
los relojes acumulan instantes extraviados
en surcos del huerto
junto a los naranjos.

Entre mis manos tengo un sueño que he olvidado
y lo derramo bajo el agua de la lluvia
para que no salga cierto.

Dicen que a pesar de todo mañana habrá buen tiempo
mientras dibujo un arcoiris en el espejo.

AUSENCIA.

El día muere ahogado de planetas luminosos.
La copa del ausente desborda añoranza
sobre la mesa recién puesta por la madre.

Una sombra derrama desventuras en rincones
del patio
donde la hierba oculta pequeños tesoros de infancia.

Volver al punto de partida.
sentir una presencia dar vueltas y vueltas
y la copa diluirse
en los cristales de tibias imágenes
como si fueran extremos de la misma cuerda.

REGRESAR ALGÚN DÍA

I
Gastados paisajes dibuja la memoria.
Vetusta silueta del Coiquén
el gran seno, amamantando casonas
apretadas a sus laderas, niños
somnolientos en brazos de su madre.

Las veredas me despiertan a media noche
contándome los últimos chismes al oído.
La niña se vistió de nieve esperando el compromiso
de su amante
escondido en portones entreabiertos silenciosamente
después de la novena de María.
La cazuela regada de mosto en casa del viejo Pedro.

Los tejados se oxidan lentamente

y nadie advierte como crece la hierba.
El gato romano se echó a dormir sobre las tejas.
Los gorriones se posan sobre él
con licencia de ángeles domésticos a quienes el otoño
no cambia el color de su plumaje.

Tal vez el caballo ha sanado de su herida en el lomo
y en la primavera pasada la holandesa
haya parido un nuevo ternero.


II
Regresar antes que llegue definitivamente el progreso.
Alguien debe definirme el significado de las palabras.

Soñadores que escriben poemas en el aire
y pintan noches de verano con letras luminosas
reinventarán mi antiguo silabario de panes y estrellas.
De amaneceres y vino, de cantos y silencios
de portales adornados por besos
de una niña perdida en la distancia o de aquella
que aún sueña con un continente solitario donde pueda tender
el mantel de su mesa.
De la tierra seca florecida en manos de mi padre
en que no era conocida la presencia del olvido.

En fin, volver antes
que caiga la tercera seña de la última misa
de ese domingo de invierno
que me sorprenderá escribiendo una carta a la lluvia.

SUEÑOS INCONCLUSOS

I

Sueños inconclusos anidan el cristal
de los ojos.
Pájaros dormidos rondando sombras
sobre el perfil de un bosque imaginario.

Todo fue en su tiempo y en su espacio:

visiónes y vuelo alucinado
en medio de la humedad vegetal del silencio,
tu voz rozando mi piel
o el viento
quebrado en el vientre del granito.

Me pregunto:¿ que ha crecido
en medio de tantos amaneceres
descolgados de la noche?

Apenas una brisa,
donde remolinos ocultan hojas muertas
y palabras abortadas
en el umbral de tu boca.

II

Un aguacero inunda veredas interiores.

La ciudad ha penetrado por mis venas,
permanece oscura bajo la lluvia
mientras observo
el regreso a tus propias estaciones.

El reloj atrapa tu rostro
y marca la inmensidad de los instantes.

Una oración florece en mis labios.

Escojo un último deseo,
cenizas del tiempo
empañan tus ojos

III

Al caer la tarde
fantasmas del recuerdo bailan
en el centro del pecho
con su ruido de huesos secos
golpeando las venas.

No ha de volver la transparencia
del agua
a quemar la carne,
ni el pétalo de tu piel
a consolar mis manos
escarchadas.

El fuego se consume asimismo,
prolonga en el aire
la esencia sutil
que al fin se diluye
en el vaho de los cúmulos.

IV

La razón extravía el sentimiento
en el estruendoso latido
del adiós.

¿En qué recodo del camino
habitarán las palabras
que nunca dije?

Ahora tu oído no me alcanza.

El canto del río
se desnuda entre las hojas
como si fuera único habitante,
y el alado pez
rompe el cielo atado a su cintura,
una sílaba estrujada
en la vertiente de tu seno desbordante
de semillas y pájaros.

V

Nunca estuve allí donde la muerte
cantaba su canción de despedida.

Estuve a la vuelta de la esquina
buscando en la mano
de una gitana ebria
los golpes de suerte que ataran
tu destino,
tal vez fue preciso el sortilegio
de una moneda de oro
que nunca tintineó en mi bolsillo
anunciando tu partida
de nuestro territorio
donde quemábamos alas
bajo el agónico farol perjuro testigo
de mi avaricia.

VI

El cielo se desangra desde la altura
de tus párpados.
Puedo ser un náufrago derritiendo
bajo el sol
la silueta del cansancio
en medio de este océano
desprendido de mis venas.
¿En que lugar de esta oscura miseria
acecha la bestia dormida
en su lecho de tiempo?

Corroe y arranca
espacios de la mente,
selva inviolada en la magnitud
de sus misterios
donde ara y becerro
soy yo mismo consumido
en la sagrada voz del fuego.

VII

Vuelve el penitente a los pliegues
de la seda que te viste,
al mármol de tu piel,
a la obsesión de tus contornos
rebosantes
de afilada indiferencia,
a la seguridad de las murallas
que agota
a mis legiones.

¿Qué escondes, más allá de tu puente
inexpugnable?

En los subterráneos de tu vientre
fecundo de esencias y palomas
prolongo mis manos
a la forma del goce y la caricia,
después, tu ventana se derrumba
al sonido de mi voz
y caes desde el tálamo de aire
al ritual de fantasías.

VIII

La realidad se vuelve contra mí.

¿O es el sueño el que me descubre
bajo el amargo abrigo de los días?
Mañanas revientan
en mi rostro,
palmadas que cruzan de lado a lado
y despierto en medio de un sueño
esquivando a la gente,
buscando un paisaje a través
del parabrisas,
consultando a los segundos
detenidos en mi brazo
saciándome en el sabor de tu epidermis
como un hambriento extraviado
en la forma del pan que aprisiona
en la celda febril de su boca.

En fin, esta realidad es un sueño
donde todo puede ser posible

IX

Abre tu oído al susurro de mis noches.

Alguna vez tu embriagado nombre
ha humedecido el albor de mis sábanas
dibujando el límite de tu aspectro
bajo un relieve de ensoñaciones.

Una muralla perdida en callejones
de la urbe
proyecta una danza en el cemento,
fantasmas de medianoche
copulando en valles de la Luna,
cósmico ulular de los sentidos
desbordados de besos,
sirena o campana tañendo deseos
fugados del inconsciente

No puedo prometerte nada,
la locura ha consumido mi mente.

X

Tal vez me haga cargo de tus desvaríos.

Dibujaré la huella de tu pie desnudo
en cada paso
deste camino a ninguna parte
que tan bien te queda
en tu pervertida indolencia.

No importa si no has vuelto
a contemplar mi castigo
mientras el látigo continúa golpeando mi espalda
para expiar los instintos.

Sin embargo, no decides aún
aproximar el paño donde se dibuje
mi rostro
y me abandonas crucificado
a los espasmos de este Gólgota.

XI

Alguien ha dicho que el deseo duele.
Algún filósofo que ya conocía
tu existencia
violada por el viento
el primer día de un otoño
no cantado por ningún poeta.
Un arroyo se ha posado en tu garganta
y ríe de mis aproximaciones
con un murmullo
que hace nido en las coníferas,
germinado fluye
hasta florecer
de peces multicolores
en medio del insomnio.

El deseo duele
como aguijón en medio de los ojos,
flamíjero acero hundido
en la intimidad de mi substancia.

XII

Entre el follaje de la mente
un pájaro grazna
anunciando el descendimiento.

Ofelia ha quedado desnuda
bajo el manto de su desesperanza.

La cuenca de los ojos se prolonga
en el viento
hurgando el vacío
de sus entrañas de muerta.

Me pregunto ¿dónde está
el secreto que revela
el sendero a su tumba de agua?

¿Podré solazarme en su cuerpo gélido,
en la pálida esencia de su desolado espíritu,
en su rostro de ángel derrumbado,


en el vuelo multiplicado de mariposas
brotando de la desprendida carne,
en la elegancia de las manos
donde los nenúfares buscan aún
senderos del destino?

Ofelia se ha marchado
bordando laberintos
en el estrecho espacio del pensamiento
sin una nota final que señale
el lugar en que se cruzan los caminos.

El hielo de la noche empapa las arterias
y mis manos se extienden
sobre las flores
como un responso taciturno
a la eternidad de este juego
sumergido
en nuestra propia sangre.

XIII

Brotas de mí justo a medianoche
cuando los sueños levantan
ondulantes fantasmas
que humedecen recodos de mi paisaje.
Entonces,
inundas mi manto de latitudes
afinando tus destrezas.
Sin embargo, el plumaje de paloma
se diluye en el sueño y no alcanzo
hundir mis estandartes
en la onírica geografía de tu piel.

La realidad se desviste
de su traje de noche,
las visiones han de permanecer
en la humedad del alba.

XIV

Una extraña cópula domina la silueta
de las cosas derramadas por la luz
desta tertulia
donde las obsesiones
cobran su presa
destrozada
en los cuchillos de la angustia.

Werther, sumo sacerdote
del sacrificio y del olvido
acaricia la epístola final a los sedientos,
pordioseros,
exploradores eternos
de inacabados caminos,
ebrios de astros
y polvo cósmico
que vuelan en el mundo
desvelando cometas sin rumbo,
orates,
a quienes confió sus sueños infinitos.

porque Werther se ha perdido
en resplandores de una idea
que da vueltas y vueltas entre sus pupilas
adormeciéndolo
como a un niño ángel
perdido en el pecho de su nodriza.

La amada viste de luto
anunciando el fallecimiento.

Es quizás la propia noche vestida de oscuro,
anticipado homenaje al vuelo
de sus párpados secos,
al hueco sanguinolento de sus sienes
donde el amaranto ha sumergido
sus raíces.

El va en el lomo de una golondrina
al incógnito paraíso donde la magia
de los gnomos alumbró de utopías
el corazón del tiempo.

XV

Hualles cimbreantes
dando vueltas alrededor de mis
visiones.
Movie picture subyacente
reflejado en la pantalla interior,
flash,
color,
animación y movimiento
traslúcido
inquietando lentes,
desbordantes imágenes todas,
las que están al margen
tal vez, orbitando
en la hondura de tu monte vacío
e inexpugnable,
obsesión libada
en la demencia de un deseo
que no llega a rozar
los deslindes secretos de tu cáliz

Un reflector ilumina tu espesura.
La agitada
conciencia regresa al fin a su butaca.

XVI

Suéñote bestia rasgando vestido y carne
de este lúbrico cuerpo mío,
hundiendo el arpón de tu lengua
en ocultas aberturas del océano profundo de la piel
que no es mar
ni agua derramándose
en la superficie
sino el grito mudo
estremecido de tormentas
agitado de quereres interrumpidos
en el sortilegio del tacto
cuando tu mano acude a sostener
la estructura voluptuosa
de esta soledad que afiebra mis vísceras.

Tu aproximada presencia
hace nido en mis entrañas
pero cada dentellada de tus fauces
prolonga eternamente
la levedad del éxtasis.

XVII

La sed enturbia mi rostro,
oscurece el túnel de la garganta
y el espacio
donde permanezco de hinojo al acecho
de una gota
desbordarse
transparente
prístina
desde la abertura de tu cántaro
a la aridez
donde recojo el menaje cotidiano
y doméstico, de una sequedad hinóspita
en la esterilidad absoluta
frustrada de lluvias y cantos
agonizantes entre valles de sal
y silencio
quemando venas y huesos
molde carnal abrasado
en el magma de tu aliento,


errante y perdido
en vanos impulsos
de ascender
las vertientes de tus pechos
única salida para el tiempo ardoroso
que agota sentidos
desprendiendo costras infecundas
sobre la última esperanza
muerta incesantemente
en cada mediodía.


XVIII

Un vuelo
de gorrión a baja altura
descúbrete sola
y desnuda
embriagada de racimos.

Una flor regresa a la albura de la piel.
Sonrisa anidada de emergencias,
el camino a Venus esconde tu rosa preferida
insensible al juego del fuego,
maduro esplendor reventando epílogos
ausentes en la vacía copa
de mi sed
prolongados al hermético centro de mi
yo,
quejumbroso sonido,
húmedo de bíblicos aceites
ornando tu ambiente de animala
devorada por si misma
en el desesperado susurro de un celo
desbordante
que rebalsa el cristalino y cae
en arcoiris polvoroso
hinchando el vientre de la tierra,
cometas errantes anclados
a mundos invisibles
prisioneros irreales
en la inconsciencia de una realidad
sin nombre ni medida flotando
en esquinas de una obsesión
disparada a los cuatro costados,
indomable,
ígneos potros
cruzando destellos furibundos
de ensoñaciones sin límites.

XIX

En una calle cualquiera de la urbe
se abre la puerta del camino a las delicias,
la identidad se desvanece
en la sordidez lujuriosa del marketing
de este supermecado
al que me introduzco subrepticiamente
hasta invadir la pantalla donde creo encontrarte
abatida y dispuesta
a púbicas cadencias
empujando mi rostro en el vértice húmedo
de tus muslos para extraviarme
en las profundidades
del ecran en que reposa la imagen
con que visto mis alucinaciones.

XX

La realidad
es otro sueño definido
únicamente en las instancias del dolor
que la cobija,
donde se hace palpable la angustia
de lo que pudimos construir
en aquellos segundos
en que consumimos nuestro tiempo
descifrando
los orígenes del deseo.

XXI

Hundirme en tus brazos como un niño,
volver a la infancia
en la búsqueda del lechoso seno
para alimentarme de ti,
hurgar la intimidad
buscando tu piel de otra
que me arrope
en plenitud
iluminando senderos
a la vertiginosa soledad
de la que solo tú tienes el reposo.

XXII

Alguien canta en la ventana
a la hora
en que revolotean los presagios,
malas vibraciones se estrellan contra
el vidrio,
polillas hipnotizadas por el brillo
de un farol que permanece moribundo
a orillas de la noche.
Aves de mal agüero anuncian
tu irremediable retiro
de estos caminos
donde tuvimos la suerte de encontrarnos
vestidos de viajeros de rutas incógnitas
mitigando el dolor
en la mirada que arde y quema
puntos cardinales
del voluptuoso ropaje que envuelve
los sentidos y naufraga de goce
en el amparo de tu puerto.

XXIII

Se puede justificar la demencia
en la flor que dibujo
sobre tu cuerpo imaginario,
pétalos que arranco uno a uno
de tu corola
cultivada en la punta de los dedos
para que la última me hable
al oído
de esta perversión
conque adorno el lugar en que reposas.

Multiplicada en ti misma,
vegetal y olorosa, repleto mis alforjas
en el aliento que mide la distancia
entre mi boca y tu cuerpo de hierba
dimensión exacta
para calmar el hambre
que perturba día a día mis sentidos.

XXIV

Esteros de agua pura
cruzan caminos del viento
flotando sobre niebla de imprecisas
formas en el relieve de la carne.

Una hoja navega a la deriva
vuela sobre el agua como una canción
en las primeras horas del alba,
sin prisa, sin una ruta trazada en las
estrellas
para que señalen su destino.

Los ojos se estiran sobre el agua
acariciando maduras riveras
del río
que ya no es el río sino tu cuerpo
emergiendo en la armonía de un
cosmos
donde escondo el propósito
de los instintos que caen del aire
a la profundidad de tus ondulaciones.


XXV

Un diseño perfecto :
cada espacio de tu frente
descuelga la dulce madurez
de los cerezos
entre todos los frutales del huerto,
álamos cimbreantes tus muslos
y el vientre
un valle de mármol donde la copa
del ombligo vierte
el vino que me embriaga.
Mansa la mirada como nido de tórtola
entibiada en la brisa del estío
y el verdor del monte
rizos suavizantes del fulgor
del encuentro.

¡Hay amiga! Las araucarias de tus
pechos
inundan los deslindes del cielo,
la miel de tus labios el paraíso.

XXVI

Horadar tu carne de granito
mirada a mirada
lluvia a estío
palabra de sol
a palabra de luna,
estremecido en el deleite
del aventurero
en la espesura
de tus bosques
o desbocado en la extensión de tus
praderas,
en medio del bullicio
en abismos del silencio,
en el grito que nace
en el estertor que muere,
desnudo o ataviado,
lúcido o demente
en cualquier punto del espacio o del
tiempo,
ser el agua que rompe los silicios
de tu forma de piedra
pertinaz y milenaria.

XXVII

Tejer una red con hilos del deseo
y atrapar
tu vuelo
indeciso
de mariposa
ebria
antes que las amapolas
invadan tus alas de cenizas.

XXVIII

Si estos poemas no te alcanzan
y ningún estremecimiento
recorre tu epidermis
vuelve
con los ojos cerrados
otra vez a mis palabras
para sentir
el viento
murmurando a tu oído
que : solo nos pertenece
el amor que hemos dado.

XXIX

Al fin de cuentas
estamos
en alguna etapa
perdida
de una metamorfosis
en la que habremos de pasar
un día cualquiera
de semilla a gusano
de gusano a libélula
sin que entonces puedas advertir
el vuelo
dormido de los ángeles
y el insomnio de mis élitros
alucinados
en la llamarada
que forja tu presencia.

XXX

La nocturnidad
se ha marchado
en su potro azabache
dejando un sabor a lágrima
como si el mar
hubiera anidado sobre
los párpados
borrando de la arena
la fugaz huella
de sueños inconclusos.

En el viento


Puedo estar equivocado
De las palabras que se escriben en el viento
O advertirlas en extraños grafemas
Donde el hombre que vive en mi agota su cansancio
Ser
La última variable genética desta especie
Es, sin duda, privilegio deplorable
Donde no cabe el rumor de los silencios
Modelados por mis pretéritas manos
Como forma sutil de los ensueños
Candor de fuego
Flamígera piel
Goce puro
Ahora moribundo de tantas bandoleras
Donde inadvertidamente fallece
Invisible
La vertiente de nuestra propia sangre.